El mal uso que
algunos políticos y
comunicadores han hecho de la
oratoria ha provocado una crisis
de credibilidad del orador
público', ha afirmado José
Landete, director del curso de
verano de la Universidad de
Navarra "El arte de hablar en
público: curso práctico de
oratoria".
Para este
especialista, el mal uso de la
oratoria hace que hoy se vea al
orador público 'más como un
demagogo que como un orador al
servicio del bien común'.
Y es que, en
opinión de este profesor de
Derecho Eclesiástico del Estado
en la Universidad de Valencia,
'hoy algunos comunicadores, más
que persuadir, parecen buscar
impresionar al auditorio' con
discursos que 'suelen apartarse
de las reglas clásicas de la
oratoria, la pulcritud, aptitud
y claridad, entre otras, para
adentrarse en otros ámbitos
nuevos como el escándalo, la
sorpresa o la provocación'.
Según José
Landete, la única cualidad que
caracteriza a un buen orador es
la de ser capaz de persuadir a
su auditorio, es decir, la
elocuencia.
'A partir de
esta virtud, el orador ha de
cultivar otra serie de rasgos',
ha apuntado, y entre ellos ha
citado la capacidad de
investigar sobre un determinado
argumento, la prudencia
expositiva, la naturalidad
gestual, la expresividad oral y
el dominio de sí mismo.
Ha afirmado
además que el miedo escénico o
los nervios previos a hablar en
público no tienen que ser
superados ni afrontados sino,
simplemente, asumidos y
controlados, y para mejorar
la capacidad de oratoria ha
apostado por tres herramientas
básicas para él como 'un método
estricto, una práctica continua
y un espíritu entusiasta'.
Consejos todos
ellos importantes para mejorar
'una disciplina con una
dimensión social tan pronunciada
como pocas' a juicio de este
experto, para quien 'la sociedad
de la comunicación y de la
información en la que vivimos es
altamente competitiva, de manera
que no basta con poseer
formación y conocimientos; es
indispensable tener la capacidad
de transmitirlos'.
Y al respecto
ha advertido de que 'la falta
de habilidades en la expresión
oral resulta hoy, más que nunca,
un hándicap decisivo en la
proyección personal y
profesional de cualquier
universitario'.
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