Hablar en público es una habilidad innata para unos pocos y fruto del conocimiento y el trabajo para la mayoría. En cualquier actividad, siempre se puede mejorar. Ya lo decía Virgilio: "rara vez sabemos de qué somos capaces hasta que nos ponemos a ello". ¿Las claves? Preparación y práctica, según los profesores del IESE Brian O'Connor Leggett y Ricardo Velilla, y autores del libro ¿Quiere hablar bien en público? ¡Practique! Es necesario crear buenos hábitos comunicativos y poner en práctica ciertas habilidades. En definitiva, los autores del libro aseguran que el secreto está en practicar, practicar, practicar. Porque, como decía el filósofo Epicteo, "cada hábito y facultad se mantiene y se incrementa con su correspondiente acción".
El libro está lleno de ejemplos y cita algunos discursos convertidos ya en clásicos, como el "Gettysburg Address" de Lincoln, que "contiene tan sólo 268 palabras y es uno de los grandes discursos de todos los tiempos", o la anécdota que protagonizó John F. Kennedy en 1963, que ilustra el poder de las palabras en una situación concreta. El entonces presidente de los Estados Unidos viajó a Berlín para mostrar su apoyo a la población y en su discurso dijo: "Yo también soy un berlinés" (Ich bin ein Berliner), en lugar de decir "Yo también soy berlinés". Este error gramatical cambiaba totalmente el sentido de la frase, ya que "un berlinés" es un dulce semejante a un donut. Pese al error, el discurso insufló ánimo y esperanza a los ciudadanos.
Persuadir no es
manipular
La persuasión oral era una técnica
sobradamente conocida por los
filósofos y escritores griegos.
Aristóteles desarrolló la triada de
la retórica, compuesta por: el Ethos
(credibilidad del orador), el pathos
(habilidad para crear el entorno
emocional adecuado) y el logos
(conocimiento de la argumentación),
que todavía hoy constituye la base
de la educación del discurso oral.
En función del auditorio o de la
situación en que se pronuncie el
discurso, el orador debe dar
prioridad a un factor u otro, aunque
sin descuidar los dos restantes.
Así, un discurso basado
esencialmente en el Ethos encaja
cuando se pretende inspirar al
auditorio en una dirección
determinada; por ejemplo, cuando el
directivo tiene que comunicar los
planes de futuro a sus empleados.
Los discursos basados en el Pathos
suelen utilizarse en situaciones de
crisis, en las que el miedo, la
incertidumbre o el sentimiento de
inseguridad sirven para persuadir a
los oyentes. Finalmente, numerosas
presentaciones empresariales suelen
basarse en el Logos, es decir, en
hechos y datos contrastados.
Sin embargo, "la persuasión no
siempre obtiene los resultados
deseados y esperados", recalcan los
autores. Se trata de un proceso
interactivo mediante el cual se
satisfacen las necesidades de dos o
más grupos implicados. Sus objetivos
son modelar, reforzar o directamente
cambiar la actitud del público por
medio de una presentación, idea o
discurso. Eso sí, teniendo en cuenta
que "toda persona es libre para
pensar de otro modo y decidir en
consecuencia". No respetar esta
libertad sería un intento de
manipulación.
Preparación del discurso
Winston Churchill decía: "Si tengo
que pronunciar un discurso de dos
horas, empleo diez minutos en su
preparación. Si se trata de un
discurso de diez minutos, entonces
tardo unas dos horas en prepararlo".
La clave de una presentación exitosa
reside en la preparación. Los
autores recomiendan: "si tiene que
hablar en público, comience a
prepararse lo antes posible".
La fórmula SOAM resume todo lo
necesario para la preparación:
Situación: considere el
tiempo y lugar desde donde hará el
discurso. No olvide que la
comunicación no verbal juega un
papel relevante. Según los expertos,
el 93 % del proceso comunicativo se
compone de aspectos que van más allá
de las palabras, como la entonación,
la expresión facial, los gestos y el
contacto visual.
Objetivo: concrete al máximo
lo que espera alcanzar con su
discurso. A la hora de preparar el
borrador, tenga en cuenta que
cualquier presentación tiene tres
partes: introducción, cuerpo y
conclusión. La introducción y la
conclusión no deberían ocupar más
del 10 ó 15% cada una. Es decir, que
para un discurso de 15 minutos, no
deberían superar los dos minutos.
Auditorio: tenga muy en
cuenta al público al que se
dirigirá. Los oyentes son los
destinatarios del discurso y la
razón determinante de su contenido y
de su forma: son los "clientes" a
los que siempre hay que atender.
Método: seleccione el que
puede resultarle más útil para
lograr su objetivo. Si desea emplear
ayudas audiovisuales, evite escribir
todo en los apoyos y recuerde tener
un plan B: la tecnología puede
fallar.
Cómo atender las preguntas del
público
Tras la presentación es habitual que
se abra un turno de preguntas y éste
es uno de los momentos que más
impone a los ponentes. Sin embargo,
el libro explica que las respuestas
también se pueden (y deben)
preparar. Si se tiene en cuenta al
auditorio y se prepara bien, se
pueden anticipar casi el 70% de las
preguntas. ¿Y qué hacer con el 30%
restante e imprevisible? "Aceptar
con realismo que uno no es una
'enciclopedia andante' o una 'base
de datos infinita'", dicen los
autores.
Para prepararlo, se recomienda
pensar las preguntas que usted
haría, las que espera que le hagan y
las que no, las que desearía que le
hicieran, las que no podría
responder y aquellas cuya respuesta
podría ser delicada. Si a esto se le
añaden los consejos de este
decálogo, el éxito no está
garantizado, pero casi:
- No se precipite al responder.
Asegúrese que entiende la pregunta.
Espere 10 segundos antes de
contestar.
- Esté atento. Atienda tanto al
contenido conceptual como al
componente no verbal de la pregunta.
- Diríjase al auditorio, no sólo a
quien ha hecho la pregunta.
- Conteste de forma directa, clara y
concisa.
- Con tacto, "marque distancias"
ante preguntas mal planteadas. Puede
decir: "yo plantearía la pregunta
desde otro ángulo".
- Disponga de suficiente material
preciso: estadístico, informativo...
para poder apoyar sus -
informaciones si es necesario.
- Entrénese en la técnica de "llevar
el agua a su molino". Ante una
pregunta capciosa, elabore la
respuesta dirigiéndola en su
provecho e interés.
- Convierta una pregunta negativa en
una respuesta positiva. No repita la
negación al contestar.
- Trate de mantener siempre el
control sobre la situación. Está en
sus manos no responder una pregunta
determinada, eso sí, siempre con
tacto y cortesía.
- Sea honesto. Si no conoce los
datos o hechos sobre los que le
preguntan, admítalo.
Controlar la ansiedad
La ansiedad al tener que hablar en
público es un temor bastante normal,
que en el mundo del espectáculo se
conoce como "miedo escénico".
Algunas de las técnicas que se
comentan a lo largo de la obra
ayudan a reducir este miedo:
preparar el discurso con tiempo,
hacer un borrador, ensayar la
presentación... Además, el libro
ofrece una serie de ejercicios de
relajación para reducir el estrés.

