Educadores y
empleadores detectan
carencias de léxico
y comunicación oral
en los jóvenes
La capacidad oral
del alumnado catalán
y español deja mucho
que desear. Esta
afirmación no se
puede sustentar
empíricos, porque no
tampoco en
evaluaciones
concretas, porque no
se hacen. Pero la
realidad en las
aulas y fuera de
ellas demuestra día
a día las
dificultades que
tienen jóvenes y no
tan jóvenes para
comunicarse, no sólo
con un vocabulario
correcto y rico sino
con entonación y con
destreza suficiente
para no leer un
papel.
Estudios nacionales
e internacionales
coinciden en que los
jóvenes no sólo
tienen dificultades
para escribir un
texto coherente y
sin faltas de
ortografía, sino que
carecen de léxico
variado. Expertos
del ámbito de la
universidad,
responsables de la
administración
educativa y
empleadores son
conscientes de las
insuficiencias en
lecto-escritura y de
las carencias
expresivas, de
ahí que se estén
empezando a aplicar
fórmulas didácticas
que permitan
revertir la
situación.
En el Consell de
Cambres de Comerç de
Catalunya aún no se
ha recibido una
petición expresa de
las empresas para
organizar cursos de
oratoria, lo cual no
es significa que no
exista una
preocupación por
esta cuestión. María Segarra,
directora de
formación de la
Cambra, afirma que
es una cuestión que
planea en muchas de
las conversaciones
que tenemos con
empresarios.
Empezamos a tener
algún indicio de que
es una necesidad y
estamos pensado cómo
trabajar en ello. Las demandas de los
empresarios aún no
son formales, pero
existen", por lo
que la Cambra se
propone avanzar en
alguna iniciativa
formativa al
respecto.
En paralelo,
las
administraciones
educativas han
anunciado la próxima
implantación de
exámenes orales a lo
largo del periodo
formativo del
alumnado. Y si
hay pruebas que
puntúan, las
escuelas se verán
obligadas a
potenciar
estrategias para que
los estudiantes
desarrollen esta
habilidad. Y es
que, por ahora, la
expresión oral tiene
muy poca importancia
en el currículo y
también en la manera
de organizar las
clases, reconoce
Joan Badia, director
general de Innovació
Educativa del
Departament
d´Educació.
Las razones que
explicarían las
lagunas de
vocabulario y los
aprietos para hablar
en público no sólo
hay que buscarlas en
la poca afición a la
lectura de los más
jóvenes y los
mayores. La mayor
parte del alumnado
se limita a las
lecturas
obligatorias para
responder a los
exámenes y muchos de
ellos entienden lo
que leen pero no son
capaces de
reflexionar sobre lo
que han leído,
interrelacionarlo e
interpretarlo,
comentan algunos
docentes.
Daniel Cassany,
profesor del
departamento de
Traducción y
Filología de la
Universitat Pompeu
Fabra (UPF), afirma
que las deficiencias
en expresión oral y
escrita han existido
siempre, lo que
sucede es que "ahora
somos más exigentes
que antes. Pedimos
que se hable en
diferentes idiomas y
que, además, se
tenga capacidad para
redactar y hablar en
distintos
registros". A su
juicio, entra dentro
de la normalidad que
los jóvenes tengan
dificultades para
escribir y hablar
bien. "La percepción
de que leer y
escribir es fácil y
que se aprende en
primaria es falso.
Escribir es difícil
y lo vamos
aprendiendo con el
tiempo, pero, en
cambio, los jóvenes
no han tenido
oportunidad de
desarrollar
habilidades de
oratoria durante su
formación inicial y
es la universidad la
que tiene que
enseñarles".
"Culpabilizamos a
los estudiantes
porque no cumplen
todos estos
requisitos, pero tal
vez deberíamos
pensar por qué
llegan a la
universidad con
tantas carencias",
reflexiona Cassany.
Joan Badia y Teresa
Ribas, profesora del
departamento de
Didáctica de la
Lengua de la
facultat de
Educación de la
Universitat Autònoma
de Barcelona (UAB),
dan la razón a
Cassany. Un factor
que agrava el
problema es que "la mayoría de los
maestros y
profesores no saben
expresarse bien en
público", señala
Badia. Estas
carencias - añade-
no se muestran ante
la clase porque ahí
se explica la
lección, sino que se
notan ante una
reunión con familias
o en otros foros en
los que están
obligados a salirse
del guión".
"En cuestiones
formales como lengua
u ortografía, el
alumnado que llega a
Magisterio va
mejorando, pero aún
le cuesta organizar
bien un trabajo
creativo", explica
Ribas. "¿Qué medios
damos al profesorado
de primaria y
secundaria para que
trabajen la
expresión oral con
el alumnado?", se
pregunta Badia. A
los maestros sí les
enseña a enseñar,
reflexiona la
profesora Ribas, pero "la oralidad
aún se trabaja
poco".
Adolfo Sotelo,
decano de la
facultad de
Filología de la
Universitat de
Barcelona, no tiene
dudas: la
desaparición de la
asignatura de
literatura de los
currículos pasa
factura. "Una cosa
es la estructura de
la lengua y otra la
literatura en
general. El hecho de
leer, de tener que
comprender textos,
proporciona un
registro que va más
allá de la pura
denotación. La
persona que ha leído
tiene mayor
capacidad de
expresión que la que
no lo ha hecho".
Sotelo lamenta que
la literatura haya
quedado reducida a
una "maría" de la
lengua cuando,
"lejos de ser un
listado de
definiciones, es una
magnífica excusa
para disfrutar con
el lenguaje y, por
supuesto, para
aprender".
El predominio de la
cultura de la imagen
y el extendido uso
de la red tiene
muchas ventajas y
algún inconveniente.
Por ejemplo, se deja
de usar el
diccionario y se
pierde riqueza de
vocabulario. Sotelo
opina que las nuevas
tecnologías no
tienen por qué
influir en la
decadencia en el uso
de la lengua.
"Siempre hemos
tomado apuntes con
flechas y
abreviaturas, la
diferencia es que
ahora se lee menos".
Las nuevas
tecnologías son
elemento de trabajo
muy útil y también
podrían ser una
buena herramienta
para mejorar la
expresión oral.
Un ejemplo es el
power point."Cuando
un orador se limita
a repetir lo que se
ve reflejado en la
pantalla del
ordenador suele ser
sinónimo de que sus
recursos de oratoria
son más bien
escasos. El power
pointdebe ser un
punto de apoyo, un
guión, nada más",
señala Segarra.
Badia asegura que cada vez es más el
profesorado que
demanda cursos de
expresión oral y que
Educació va
aumentando la oferta
formativa en este
ámbito. Además,
los planes de
estudios de
educación inicial,
secundaria y
superior poco a poco
van prestando más
atención a esta
cuestión. Prueba
de ello es que este
curso, junto al
examen que hará al
alumnado al
finalizar 6. º de
primaria para
evaluar el nivel -
no puntuable a
efectos escolares-,
se hará una prueba
oral, y aunque de
momento sólo la
realizará una
muestra del
alumnado, porque su
puesta en marcha es
compleja, "motivará
a los docentes a
poner especial
énfasis en esta
cuestión", concluye
Badia.
Otras propuestas
para mejorar
Los centros ya
realizan actividades
para fomentar la
expresión oral.
1. TALLERES DE
ORALIDAD.
Se trabaja con el
alumnado desde los
niveles más
iniciales del
proceso formativo.
2. TEATRO. Es una
buena herramienta
pedagógica para
aprender a
expresarse y para
relacionarse con los
demás.
3. LECTURA EN VOZ
ALTA.
Cuando se lee en voz
alta se entiende
mejor un texto, se
aprende a hacer
pausas y a entonar.
Es recomendable
grabar la lectura
para oírse.
4. CONCURSO DE
ORATORIA.
Lo promueve Educació
y premia la
capacidad oral del
alumnado en catalán,
castellano, lenguas
extranjeras
curriculares y en
las de origen de la
inmigración.